¿Mujeres diáconas?

imageEl Papa Francisco ha prometido a 900 religiosas que creará una comisión que estudie la posibilidad de hacer diáconas a las mujeres. Y todavía tenemos que aplaudirle y darle las gracias.

No, señores. Y mucho menos señoras. Que en una institución tan poderosa como la Iglesia se le niegue a las mujeres ostentar los mismos cargos que los hombres sin ningún argumento de peso que lo sustente más allá del género, es un escupitajo en toda la cara.

Me hace gracia que se alabe tanto la labor del Papa Francisco, lo abierto de mente que es, los gestos que está teniendo ante la homosexualidad, la pederastia o los anticonceptivos. ¿No nos damos cuenta de que esto no es suficiente? Lo que no era ni medio normal eran los Papas anteriores, tan vitoreados algunos… Cuando expongo mi postura hay quien dice que por algo se empieza, que lleva tiempo, que estamos en el camino correcto… Y yo me pregunto ¿cuánto tienen que esperar las mujeres para que se les reconozcan los mismos derechos que a los hombres en la Iglesia? ¿Tenemos que dejar que la Historia siga su curso o hay que darle un empujón? Si no se fuerzan las cosas yo no veré a mujeres oficiando una eucaristía católica o siendo Papisas, ni seguramente mis hijos, ni los suyos. Que no se nos olvide que en el mundo en el que estamos el poder recae mayoritariamente en manos de hombres y, generalizando, ellos no sienten la necesidad de abrir las puertas a competencia, muy competente, femenina.

Volviendo al tema de las diáconas, no entiendo qué es lo que tienen que estudiar, es obvio que la Iglesia discrimina a las mujeres, que su papel es secundario, que los hombres no las quieren a su nivel y que las mujeres que forman parte de esa Iglesia comulgan con un machismo maloliente y aceptan sin rechistar que los hombres las gobiernen. Si el Papa fuera tan moderno, bondadoso y justo como dicen, haría una revolución de las que marcan época, sin comisiones ni milongas, se plantaría ante el mundo y predicaría con el ejemplo, reconocería lo que a sus compañeras en la fe les pertenece: la igualdad.

Soy soñadora y atea pero puestos a soñar, sueño con una fumata blanca que anuncie una Papisa al frente de la Iglesia (por todas mis amigas que sí son creyentes, se lo merecen); sueño con mujeres oficiando misa y dando el cuerpo de Cristo en sus parroquias; sueño con mujeres que para demostrar su devoción no tengan que esconder el pelo y las formas de su cuerpo en un hábito porque puedan ser una tentación para el género masculino (que aprendan ellos a controlar sus impulsos sexuales). Llamadme ilusa pero sueño con que no haya que pedir a gritos la igualdad, sino lo contrario, que lo que tenemos hoy, le chirríe tanto a todo el mundo que levantemos todos la voz y plantemos cara a los que van a crear comisiones para estudiar opciones que no hay que estudiar. Que no coman una y cuenten veinte, por favor. A mí no me la cuelan…

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